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La evolución de la RSE en materia de sostenibilidad

En análisis anteriores, dimos cuenta de la diferencia entre la RSE, la RSC y el ESG que si bien son conceptos modernos para referirse a los valores de compromiso, responsabilidad y transparencia como pilares fundamental de la nueva forma de gestionar las empresas, lo cierto es que el matiz diferenciador recae en que la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un código moral interno que basa su responsabilidad en la gestión de impactos que su actividad genera en los stakeholders, el medio ambiente y la sociedad, mientras que los factores ESG son el código externo medible que califica el rendimiento de la organización.

Si nos vamos al contexto histórico, la RSE surge en siglo XX, durante los primeros 50 años con una mirada filantrópica de las empresas cuyo sustento se definía en que los negocios debían socorrer a las comunidades que los rodea en un prisma de caridad y beneficencia. Sin embargo, ya en la época de las postguerra y con un cambio de paradigma en la forma de entender a la sociedad y sus organizaciones, junto al concepto de globalización, el economista norteamericano Howard Bowen da cuenta de que el empresariado se debe preocupar por lo social, esto a consecuencia de las presiones ejercidas por los sindicatos y la manifestaciones en EE.UU que exigían a las empresas mayor responsabilidad por la ventas de armas para la guerra de Vietnam (Apartheid).

Así surge entonces la idea de que los dueños de las empresas deben hacer política, plantear objetivos, tomar decisiones y seguir líneas de acción deseable en términos de valores y  necesidades de la sociedad, incluyendo responsabilidades públicas y laborales, pero en contraposición y no exento de polémicas, en los 70’ el economista Milton Friedman, en su artículo publicado en The New York Times sostiene que la responsabilidad social de los empresarios corresponde al incremento de sus ganancias y la maximización de beneficios para sus accionistas, pues son las personas las que deben ser responsables y no las corporaciones.

En este contexto surgen los grupos civiles dedicados a la protección del medio ambiente y  las ONG’s, con el objetivo de generar una transformación social y una mejora en la calidad de vida, poniendo sus miradas principalmente en la industria minera y petrolera. 

Así el desarrollo de las organizaciones comienzan a buscar la forma en generar confianzas, pues se dieron cuenta de que el solo cumplimiento de la ley y la rentabilidad de sus negocios no son suficientes para crecer y ampliar sus mercados, de esta forma se da paso al reconocimiento de los stakeholders como valor fundamental de posicionamiento y se da cuenta de que el incremento de rentabilidad está basado en la toma de decisiones respecto de su responsabilidad empresarial, por lo que a partir del último decenio del siglo XX las organizaciones toman un rol activo en el tejido social, considerando el concepto de capital humano y cultura. Surge un nuevo concepto: la sostenibilidad, es decir un sistema productivo durable en el tiempo, consciente y ético.

En 1999 la OCDE entrega directrices para los “Principios de la Gobernabilidad Corporativa” y se lanza el “Indice de Sustentabilidad Dow Jones”, dando un gran paso en la inversión sostenible y al origen de los criterios ESG (Environmental, Social and Corporate Governance, por su sigla en inglés), que suponen un compromiso mucho más real en relación a la sostenibilidad de una inversión en materia medioambiental, social y de gobernanza.

Entonces, no es que ESG esté por sobre la RSE, sino más bien son un complemento de código moral y sostenible que harán mucho más rentable y responsable a tu empresa. Los accionistas no solo buscan invertir en empresas rentables sino que también, en aquellas que tienen un propósito claro y valores positivos que estén alineados con los suyos.